Rusofobia, antisemitismo y México

amlovich-rusofobia

¿Cuál es la razón de que la ultraderecha mexicana pretenda resucitar el espíritu de Canoa y 1968 en las presentes elecciones? Al acusar a Rusia de apoyar a Andrés Manuel López Obrador, ¿pretenden reanimar el anticomunismo, la judeofobia y la violencia contra las universidades públicas?

El comunismo, los judíos y la Iglesia rusa ortodoxa son elementos que provocan el conflicto para los católicos. Se insiste en la conspiración Ilustrada-Judía, que adquiere fuerza cuando se pierden los Estados Pontificios en 1870, y la Iglesia Católica culpa a los enemigos masones, iluminados, judíos, comunistas, liberales, secularizadores y científicos. En la gran conspiración contra la Iglesia, caben y se confunden todos los enemigos del catolicismo. El integrismo y fundamentalismo católico se justificarían entonces para reconfigurar la grandeza de la Iglesia. La Santa Sede construyó los ataques a Rusia desde el momento en que, dicho país, fue espacio para la supervivencia del bundismo -movimiento judío socialista-, la afirmación del cristianismo ortodoxo, el comunismo y el islam. Uno de los proyectos geopolíticos para la protección del Estado Vaticano fue el “Intemarium”. El Intermarium fue, y es, un proyecto antijudío, rusofóbico y ultraconservador católico. Cuando emerge la Revolución Rusa se implementó dicha estrategia para que el catolicismo integral intransigente se infiltrara en gobiernos, universidades, sociedad civil, etc., con el propósito de arraigar organizaciones secretas católicas y controlar el statu quo.

La animadversión de Polonia a Rusia se ha contagiado a los países iberoamericanos; no obstante, el verdadero rechazo a Rusia no es de Polonia sino de la Santa Sede que observa en Rusia a uno de sus principales enemigos históricos. La ultraderecha mexicana ha enunciado su apego histórico al proyecto geopolítico denominado Intermarium que coordinó la llegada de Karol Wojtyla como Obispo de Roma.

Hace pocos días, Polonia promulgó una ley que sanciona la interpretación o señalamiento que pueda hacerse entre dicha nación y el colaboracionismo nazi. El hecho constituye una legislatura inútil respecto de las evidencias y hechos históricos. Empero; más allá de la responsabilidad polaca en el Holocausto, lo interesante radica en destacar la forma en que el antisemitismo es empleado como justificación de la rusofobia.

A últimas fechas, Rusia ha comenzado a tomar un papel preponderante en la definición de la geopolítica global y europea. Desde la llegada al poder de Vladimir Putin se ha desarrollado una sincronización entre la política interna y exterior de Rusia que busca afirmar su espacio vital y zona de influencia. El prolongado período del grupo político de Vladimir Putin ha resuelto las crisis de la URSS, los conflictos con las zonas fronterizas y ha mantenido una zona de influencia en Europa del Este y el Medio Oriente ¿Pretende Rusia constituir el Estado Central de la civilización eslavo báltica en el siglo XXI? ¿Cómo es el liderazgo de Vladimir Putin para dirigir una élite que coordina una democracia semiautoritaria? ¿Constituye el desarrollo de Rusia un riesgo para Occidente? ¿Existen zonas de influencia para Rusia en otras civilizaciones? ¿Cuál es la razón del surgimiento de la identidad eslavo báltica en la era post comunista ? ¿Qué papel juega Rusia en el actual escenario multipolar? ¿Se ha convertido en una nación democrática, capitalista y liberal? ¿Puede retornar al socialismo para impulsar una hegemonía nueva? ¿Qué tipo de potencia es ahora Rusia?

Samuel Huntington da a Rusia el trato de un país cuya modernidad es frustrada o desgarrada; al menos, a finales del siglo XX, eso es lo que parecía. Rusia tiene una modernidad rusa, eslavo báltica, a la que con una mayor certeza se apega y que, cada vez, tiene un éxito contundente. Rusia soportó, poco más de una década, el modelo neoliberal democrático capitalista; sin embargo, lo abandonó y se ha reencontrado con una experiencia autóctona de crecimiento y desarrollo. Este era el mundo del futuro al que se referían las hipótesis de Huntington: 1) las civilizaciones se desarrollarán internamente  en un proceso radical de diferenciación con Occidente y 2) Occidente tiene que redefinir sus valores civilizatorios para detener su propia decadencia frente a un contexto global donde cada vez hay más actores y competidores.

Aunque el concepto de choque de civilizaciones tiene una impresión grave y estrambótica, lo más importante que tienen las hipótesis del singular geopolítico norteamericano es el planteamiento del desafío que la cultura o civilización occidental presenta una vez terminado el mundo de la guerra fría. Si bien es cierto que las diferencias culturales siempre han estado ahí, el agotamiento del esquema bipolar generó que muchas civilizaciones y estados centrales de las mismas, afloraran con mayor fuerza y sentido de territorialidad geopolítica.

Este es el caso de Rusia, sólo con apego a su identidad cultural y el nacionalismo ha logrado renacer después de casi colapsarse con el fin de la URSS. Rusia tiene un protagonismo global que compite con Estados Unidos y Occidente en particular,  su recuperación ha derrotado la imagen de un país pobre, autoritario y débil. Al paso del siglo XXI Rusia rechazó la occidentalización y se volvió a la vereda de su propia identidad. El escenario ha seguido, parcialmente, la estampa que columbró Huntington. Rusia no puede ser omitida de la política internacional en Europa del Este, Asia y el Medio Oriente. No puede señalarse que ha recuperado el poder que tuvo la URSS; pero, tampoco es un actor menor en la geopolítica actual. Su política exterior coincide , cada vez en mayor medida, con su interés nacional y se prepara de forma militar y profesional.

Los liderazgos recientes de Rusia, China e India, le han robado importancia a Estados Unidos en el control global. Sin embargo, no buscan el conflicto armado total y, mucho menos, la conquista del mundo. El equilibrio multipolar genera una guerra fría donde intervienen más actores que, ciertamente, adoptan las pautas cautelosas y latentes de la contención. Los conflictos armados se representan en zonas donde la diplomacia se concluye y los intereses de las potencias determinan el uso de la fuerza.

La globalización modernizadora ha dejado de ser patrimonio de la cultura occidental. Occidente se encuentra en crisis por un neoliberalismo ciego representado en la Cultura de Davos y la metástasis cultural que genera su consumismo. El abandono de Estados Unidos a México, implica la oportunidad de recuperación identitaria y reingeniería social. Los neoliberales mexicanos, la ultraderecha y la burguesía nacional están reprobados por la antigua superpotencia capitalista; son ineficaces, corruptos, asesinos, retrógradas y cretinos.

¿Debe seguir México bajo la tutela de la Santa Sede y proyectos como el Intermarium? ¿Debe México temer a Rusia? Por supuesto que no.

Una gran parte de los macroproyectos y políticas estratégicas que nuestro país ha perdido, deben su fracaso a la creencia de que sólo se puede trabajar con los aliados de la cristiandad católica. Ahí están los resultados: impunidad, corrupción, pobreza y subdesarrollo. Rusia, y el mundo, son oportunidades que la globalización y la modernidad ofrecen a nuestro entorno. Es una lástima que el Yunque siga creyendo que los mexicanos están programados en clave “Canoa 1968”. La oligarquía neoliberal católica hispanista ya no puede esconder su parasitismo, los ataques a Rusia son muestra de su lamentable capacidad intelectual y moral: los gringos ya no los quieren ni de chachas. La cerrazón del presidente norteamericano a nuestro país, debe ser el impulso para buscar nuevos aliados, tecnologías, infraestructura, mercados, intercambios; en fin, el mundo.

México debe temerle a la consagración del sagrado corazón yunquista que la Santa Sede impulsa en el PRIANRD y , desgraciadamente, también en MORENA.

Comentarios