Los mexicanos no sabemos vivir en la belleza: Rodrigo Ávila

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*Columna y fotografía publicadas originalmente en La Jornada el domingo 28 de enero de 2018

Me llamo Rodrigo Ávila; soy comunicólogo de carrera y me especialicé en periodismo cultural en la UNAM. Desde hace cuatro años y medio soy profesor de la carrera de comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán y doy la materia de desarrollo y legislación de medios, la de guion radiofónico, televisivo y cinematográfico. Me parece una materia maravillosa, porque puedo enseñar a los chavos cómo escribir historias, hacer guiones, crear personajes. Les muestro el camino: ‘Pónganle un nombre a su personaje y a partir de ese momento empieza el proceso creativo’. Me encanta su entusiasmo. Desgraciadamente, en nuestro país, no encuentran muchas oportunidades ni quienes les digan: ‘Oye, tú puedes hacerlo’.

–¿Es difícil hacer un guion, Rodrigo?

–Los estudiantes creen que hacer un guion es casi imposible y no es cierto. He visto con qué facilidad crean sus propias historias de amor, de ciencia ficción, de terror. Esto, Elena, es lo que hago por el lado de la docencia. Desde los 15 años me interné en el mundo de la literatura. Tenía inquietudes, pero no encontraba mi lugar hasta que escuché que existían talleres literarios. Conocí a la escritora Rosa Nissan, quien tomaba un taller en casa de la narradora Alicia Trueba, y entré en un mundo de maestros, principalmente escritores: Raúl Ortiz y Ortiz, Daniel Sada, Gonzalo Celorio, Tatiana Espinasa, Juan Villoro, Ángeles González Gamio, Magda Solís, Agustín Ramos, José Agustín y muchos más. Era el más joven de los alumnos. El maestro Vicente Quirarte me decía: ‘Es que tú eres la mascotita del grupo’. También aprendí de otra maestra argentina buenísima, María Inés García Canal, quién dio cursos sensacionales sobre Kafka, Yourcenar, Borges y Tahar ben Jelloun.

“A ese mismo taller asistía la escritora y periodista Marie Pierre-Colle, quien después hizo libros de arte. Tuve compañeros como Rodrigo Garnica, que ha sido muy reconocido con los Premios Bellas Artes José Rubén Romero (2003) y de Narrativa Colima para Obra Publicada (2012); también Yuri Herrera y Marisol Martín del Campo, que publicó varios libros, entre ellos uno sobre la Malinche titulado Amor y Conquista, y otro sobre Jeanne Rucar de Buñuel que se llama Memorias de una mujer sin piano. Otros compañeros fueron Concha Creel, Fidela Cabrera, Rosamaría Casas, Adela Salinas, quien ya cuenta con varias novelas; Adela Celorio (Sandy), María Esther Núñez y Silvia Molina, quien ganó el Villaurrutia.

“Cuando me recibí en la UNAM me pareció buena idea escribir una tesina sobre la trayectoria del taller de Alicia Trueba, que fue semillero de escritores. En ese taller también dieron cursos de teatro Carmelita Carrara (actualmente directora de la Filmoteca de la UNAM) y la legendaria actriz del cine mexicano Estela Inda, quienes tenían un pequeño foro en casa de Alicia Trueba. En ese taller permanecí seis años. Después me dediqué al periodismo cultural en la revista Quién, y escribí la historia de varias colonias de la Ciudad de México: la Condesa, que en ese momento cumplía 100 años; Polanco, que cumplía 75; San Ángel; la Roma y La Hacienda de Los Morales. Fue un trabajo muy bonito, y cuando la revista abandonó ese proyecto decidí irme a Cancún y colaboré en la empresa Xcaret en un programa de vinculación cultural. Entré al mundo maya y fue una experiencia maravillosa en la organización de todas las actividades culturales de la empresa turística que para ese momento ya tenía un convenio cultural con el antiguo Conaculta: exposiciones mayas, bailables, el espectáculo nocturno en el teatro el Gran Tlaxco, conferencias y mesas redondas. Lo que más me gustó fue el Festival del Día de Muertos, y recibir a muchos grupos y compañías artísticas del sureste: Chiapas, Tabasco y Mérida que participaban en ese festival. También dirigí la Travesía Sagrada Maya: la representación de grupos de remeros que van de la caleta de Xcaret hacia la isla de Cozumel, y recrear esta peregrinación que hacían los mayas para adorar a la diosa Ixchel. Esa travesía se hace a remo libre en canoas hechas del árbol de la ceiba, tal como hicieron los mayas hace siglos. Permanecí en Quintana Roo dos años, y cuando regresé seguí dedicándome al periodismo cultural y colaboré en la Coordinación Nacional de Literatura del INBA, y durante cuatro años organicé presentaciones de libros, conferencias, ciclos literarios tanto en Bellas Artes como en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia; en la Capilla Alfonsina, el Castillo de Chapultepec, en la Cineteca Nacional, en el Museo Tamayo y otras dependencias del INBA.”

–¿Fue entonces, en 2012, cuando organizaste el homenaje a Marie Pierre-Colle en la Capilla Alfonsina en 2012?

 

–Sí, lo hice dentro de un ciclo que se llamó La seducción mexicana, dedicado a escritores extranjeros que escribieron sobre nuestro país. Marie Pierre Colle, a quien tuve la suerte de conocer, me honró con su amistad y quise rescatar su trabajo sobre la arquitectura, diseño y cultura mexicana, junto con el fotógrafo Ignacio UrquizaCasa poblana, Casa mexicana, Las fiestas de Diego y Frida, Artistas latinoamericanos en su estudio y Recetario del cine mexicano, divulgan a grandes creadores mexicanos como Sordo Madaleno, Barragán, Ramírez Vázquez, Toledo, Tamayo, Buñuel y Figueroa, entre otros. Marie Pierre tuvo la preocupación de difundir, exponer y distribuir fuera de México, en Europa y Estados Unidos, las mejores creaciones de la cultura mexicana. Su primer libro Casa mexicana, con fotografías de Tim Street-Porter, conjuga lo moderno y lo antiguo de la arquitectura del país. Marie Pierre tuvo un ojo muy especial para dar a México y al mundo su admiración por nuestra creatividad, además de una forma de escritura sensible y muy inteligente. Un caso particular fue su gran libro: Guadalupe en mi cuerpo como en mi alma, en el que rescató las manifestaciones del arte popular en que aparece la Virgen de Guadalupe, desde las figuras de barro, palma, pintura, exvotos, arte plumario, grafitis, tatuajes sobre el cuerpo de hombres y mujeres y altares callejeros. Precisamente, el título del libro surge cuando Marie Pierre vio a un lanchero en la playa con la imagen de la guadalupana tatuada en toda la espalda: ‘¿Por qué llevas a la Virgen en tu espalda?’ –le preguntó, y el lanchero contestó: ‘Virgen de Guadalupe, en mi cuerpo como en mi alma’. Fue el último libro que ella hizo y seguro la Morenita se lo tomó en cuenta. También expuso las fotografías del libro en las rejas de Chapultepec, en el Paseo de la Reforma, en tiempos en que López Obrador era jefe de gobierno. En ese entonces, le pregunté cuál era su siguiente proyecto y me dijo: ‘Quiero hacer un libro sobre el Tibet’, pero desgraciadamente la vida no se lo permitió y estoy seguro de que hubiera hecho muchísimos más. Además, habría que destacar el homenaje que le hace Balthus, quien la pintó a ella y a sus hermanas cuando eran niñas en Francia, no sé si exactamente en París, quizás en Le Chapelet…

–La casa de su abuelo, Pedro Corcuera, en Biarritz.

–Por eso decidí hacerle ese homenaje a Marie Pierre, por todo lo que nos ha dado. Además de ser una mujer muy hermosa y muy inspiradora, Marie Pierre te enseñaba a ver: Mira ese árbol; mira cómo cuelgan sus naranjas; el color; cómo le pega el sol, te hacía ver cosas que sin ella habrías pasado por alto. Sí, es cierto, hay una belleza escondida entre los colores. Una frase de Rosa Nissán el día de su homenaje se me quedó grabada: Marie Pierre me enseñó a vivir en la belleza. México es un país bello pero, desgraciadamente, los mexicanos no sabemos lo que es vivir en la belleza a pesar de que la tenemos a la mano. Ella tomaba una batea y colocaba la fruta, las verduras, una calabaza de manera artística, porque veía el color, la forma, y tenía una sensibilidad excepcional. También se arreglaba maravillosamente, los grandes modistas franceses la vestían, así como Christian Dior vistió a su madre, Carmen Corcuera, quien fue la primera directora de relaciones públicas de la casa Dior en París en los años 50. Marie Pierre subía al Tepozteco con los Saldívar y recorrió con el fotógrafo Nacho Urquiza casi toda la República Mexicana para retratar lo que a ella le maravillaba. La vida la fue llevando por muchos caminos y finalmente se hizo de una casa hermosa en Tepoztlán.

–Ahora Rodrigo vas a publicar la biografía de otra mujer excepcional…

–Hace cuatro años conocí a Margit Frenk en Bellas Artes; anteriormente traté a su mamá, Mariana Frenk, quien murió de 106 años. Cuando me acerqué a Margit y se lo platiqué, se conmovió mucho. Hicimos una amistad muy bonita y un día le ofrecí: Margit, ¿te gustaría que escribiéramos tu vida? Claro, a nadie se le había ocurrido.

La entrevisté durante dos años, ella me regaló su vida. Ha sido un documento que proporciona mucha información valiosa y o desconocida en México, porque Margit habla de un país que ya no existe, del que sólo ella y ya muy pocos pueden dar testimonio. Hasta los edificios y las calles han cambiado, algunas ya ni siquiera existen, y no se diga hombres y mujeres valiosos de quienes nos falta mucha información.

–Además, Rodrigo, la familia Frenk es muy especial, porque Julio hijo de Silvestre Frenk, hermano de Margit, fue secretario de salud. México le debe mucho a familias como la Frenk o la Volkow (de Trotsky), tanto en cultura como en ciencia…

–Sí, porque Julio Frenk y su padre han sido eminencias en la medicina de nuestro país y nos han seguido dando muchas cosas. Los Frenk llegaron a México en 1930. El doctor Ernesto Frenk, Mariana Frenk, Margit y Silvestre; eran cuatro. Cuando Mariana murió a los 106 años la familia contaba con sus dos hijos, 10 nietos, 27 bisnietos y una tataranieta, todos muy productivos, hay músicos, antropólogos, cancerólogos, matemáticos, ingenieros, actores, todos universitarios. Una dinastía de apreciables talentos.

–Bueno, Margit y Antonio Alatorre se dedicaron a cantar canciones medievales, ¿no?

–Así es. En 1953, Margit y Antonio formaron el Grupo Alatorre con el hermano de Antonio y su esposa para hacer música polifónica; cantaban a cuatro voces canciones españolas del Renacimiento. Margit, soprano, fue la primera voz, los demás eran tenores y bajos. En esa época grabaron un disco de acetato que en su momento tuvo una producción pequeña. La portada del disco es de Elvira Gascón. Algo muy valioso que hizo el Colegio de México fue remasterizar ese disco y pasarlo a formato digital, con la misma portada de Elvira Gascón y mejor fidelidad auditiva. Puedes comprarlo en El Colegio de México. Elvira Gascón también pintó un mural en la casa de Margit y Antonio en la Calzada de las Águilas. Cuando se separaron, ese mural lo rescató El Colegio de México.

–También en la planta baja del periódico Novedades, Elvira pintó un mural a petición del gerente Fernando Canales. Mariana iba los jueves a entregar la traducción del alemán al español de los artículos de crítica de Paul Westheim.

–Mariana hizo mucho por Rulfo además de ser la primera en traducirlo. Trabajó hasta los 90 y tantos años en el Museo de Arte Moderno con Fernando Gamboa. Dio visitas guiadas a figuras importantes.

Creo que mi labor como investigador, como biógrafo es rescatar a tanta gente que hemos olvidado, porque siempre nos vamos con los rockstars, cuando hay tantas figuras valiosas a las que no se hace publicidad. México está perdiendo muchísima gente valiosa y más tarde no habrá quién nos entregue el gran regalo que hicieron a nuestra cultura. Una de ellas, para mí, fue Margit Frenk. Quizá mi próxima búsqueda, por así decirlo, sea Marie Pierre Colle Corcuera.”

 

 

 

 

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