Moreno; pero con el alma libre

b17dac65ae4a7114db810f854974ad03

 

2018 será una guerra de castas. No es la primera ni la última ocasión que esto ocurra en un país como México. El mestizaje es un mito que pretende ocultar nuestras disparidades; aunque estas siempre han estado allí, diferenciando el país de cada quien.

La polarización que ha generado la injusticia de la estructura económica se muestra en la evidenciada de INEGI respecto del racismo que subsiste en la cultura nacional. Las castas de la época colonial siguen ahí para orgullo de los criollos y rencor de los demás. La cara morena ha sido la más desprestigiada por todos lados. La Virgen de Guadalupe es morena; pero los dueños del país son blancos. Los morenos mueren a raudales por la carencia económica, violencia, pobreza y exclusión que ocasionan los amos blancos. Sería interesante preguntar en sentido inverso a David Páramo. ¿Cuál es la proporción de blancos por morenos en lo que se refiere a muertos por el Estado Fallido Mexicano?

Leo Zuckermannescribió una severa crítica hacia los comentarios que Andrés Manuel López Obrador vertió contra los tecnócratas y la burguesía criolla –y ahora libanesa– que usurpa el poder económico en este país. Zuckerman pretende ser un Eric Zemmour región cuatro. Empero, México no es Francia y los morenos no somos los inmigrantes musulmanes. Los morenos estamos en nuestro país, en nuestra tierra, con nuestra cosmovisión y sincretismo. Los terroristas son los gachupines católicos de catacumbas que controlan la alta clerecía en México y –ellos sí– no pierden tiempo en conspirar contra la patria mexicana y ponerse al servicio de la Santa Sede o cualquier otro postor extranjero.

Los ataques que ha recibido la sociedad morena –la morena–; esos sí que son graves. Van más allá de la vergüenza que señala Zuckerman y defienden personas como David Páramo. Alemania ha asumido su condena por el nazismo que inspiró su comportamiento en la primera mitad del siglo XX ¿Cuándo ocurrirá un fenómeno semejante con la Monarquía Española y la Santa Sede? Todo lo contrario. Las ideas de personajes como el tristemente célebre comunicador José Antonio Sánchez nos manifiestan el carácter medieval del hispanismo, de sus valores, de sus escuelas que -aunque sean privadas y se certifiquen de modernas y enseñen la tecnocracia- no les instruyen que el mundo ya cambió, por eso sólo egresan Mirreyes que aún con el disfraz de neoliberales son, en realidad, unos technodinos.

En el mismo sentido, el Estado Vaticano representa la institución más retrograda en cuanto a pensamiento moderno se refiere.

Los ejércitos de los Generales Francisco Villa y Emiliano Zapata, en su momento de esplendor revolucionario, expulsaron, asesinaron y violaron a cientos de españoles en México. Algunas de sus acciones reivindicaron la matanza de la Alhóndiga de Granaditas que inspiró en forma determinante la emancipación mexicana del yugo español. ¡Qué falta hacen Villa y Zapata! ¡Qué urgente es la conciencia de independizar México, nuevamente, al grito del Cura Miguel Hidalgo!

Los trabajadores de las organizaciones dedicadas al crimen del narcotráfico son morenos en su mayoría. Las personas morenas han sido sacrificadas con abundancia en nombre de un negocio que enriquece a un gobierno y oligarquía criolla que no tienen reservas en controlar el trasiego de drogas en el continente. Son especialistas en no dar la cara nunca, en esconderse y revolver las cosas, en cometer autoatentados, son doctores de la cobardía. Luchar varonilmente -tal y como se los ha exigido incluso Mario Bergoglio– es una discapacidad de su carácter. Los expertos en dividir a la sociedad, en separar a las familias, son los católicos integrales intransigentes. Tartufos que siempre actúan bajo la tutela de la falda conspirativa. Sus empresas son responsables de crear una narcocultura para las masas; pero ninguno de sus hijos tiene el valor para ponerse verdaderamente como Capo al frente de un grupo delictivo o Militar comandando soldados.  Los criollos viven de conseguir que morenos con uniforme abatan morenos sin uniforme; dicha práctica la instauraron desde su llegada.

El sentido común del General Francisco Villa lo llevó a considerar que los españoles jamás podrían amar México. Por esa razón los expulsó del noroeste del país mientras pudo y les confisco sus propiedades, fábricas, haciendas y capitales para apoyar a quienes habían sido estrujados, maltratados y violados por ellos. Ahí están los testimonios de Salvador Novo y Salvador Abascal o, cuando menos, Carlos Alvear Acevedo para confirmarlo. Los generales Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas continuarán dicha acción expropiando miles de haciendas gachupinas y motivando la formación de batallones agraristas que defenderían a los morenos y a las tierras ejidales.

Una vez más, el PRI le ha dado la espalda a la trayectoria de la revolución mexicana que condensó el general Plutarco Elías Calles cuando introdujo el nacionalismo revolucionario en el país. La unidad contra histórica para el PRI ya se ha concertado con el PAN. Ahora el PRI tiene un candidato legionario-sinarquista como en su momento lo fueron Miguel de la Madrid y Gustavo Díaz Ordaz. Yunques y pseudonazis con quienes Zuckerman debería estar más preocupado en coincidir.

Es necesario reflexionar sobre el miedo que representa la pérdida de un determinado orden. ¿Qué orden se teme perder en el país? Eric Zemmour responsabiliza a los neoliberales del suicidio que vive Francia. ¿Acaso no ocurre lo mismo en México? López Obrador mantiene un profundo desgaste por la imagen contradictoria entre amor y odio que representa. Sucede que su personalidad escapa a la hipocresía aristócrata que sustituye la franqueza por los modales delicados. Es preferible su actitud contestataria a la vocación traidora de las élites criollas que no terminan por definir su afecto por la gente y la tierra donde nos encontramos. Por supuesto que urge tomar conciencia crítica para ver cómo se profundizará el desastre que neoliberales corruptos han hecho y el verbo indignado –aunque grosero– es más útil para recomponer a la patria. México ya está en ruinas y Zuckerman no lo quiere ver. López Obrador está muy lejos de ser un Zapata o Villa; pero eso no quiere decir que algunos personajes –igual que aquellos caudillos-, de hecho, no se encuentren ya en la lucha contra el Ejército Postporfiriano.

¿Quiénes han provocado el desorden y la anarquía en este país? ¿Quiénes han causado la intervención extranjera? ¿Quiénes son los líderes de la pederastia y trata de blancas que controlaban a Mario Marín? ¿No conoce Leo Zuckerman la obra de Salvador Borrego? Con todo y su blanquitud tecnocrática itamita, ¿Piensa Zuckerman que está en la élite criolla de México? Así pues, ¿En verdad son más peligrosos los morenos que los gachupines? Ahí está la encuesta de INEGI que describe el color, desigualdad y contraste de los clevajes mexicanos.

Los descastados que abjuran de su origen se mantienen como siervos y lacayos de una estructura social que en nada remedia la crisis del país; allá ellos si consideran que el servilismo constituye una solución. La esclavitud no quita el sitio de nacimiento, color de piel ni religión; estos elementos sólo desaparecen cuando una nación se hace moderna, cuando la Reforma-Revolución se transforme en una verdadera ruptura histórica con el barroco hispánico católico.

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios