Cantares de la ciudad de los Ángeles: recuentos de una ciudad devastada

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 Ciudad de los Ángeles ¿quién soy yo? ¿un ángel que sueña con muertos o un muerto que sueña con ángeles? Ciudad de los Ángeles ¿quién soy yo? ¿un ángel que sueña con muertos o un muerto en el amanecer?

Ángela: tema y variaciones

Ciudades, las hay por doquier, pueden haber similitudes entre ellas pero en cada una de manera singular se encierran misterios, historias y hechos distintos. Cada una al formarse aprisiona el pasado, el presente y permite vislumbrar el rumbo de la misma. Para lograr esto es necesario recorrer la línea del tiempo de esta ciudad y de forma simultánea pasear por las líneas que se le han dedicado a este proceso. En esta primera parte del poemario Moisés Ramos logra no sólo asir la angélica ciudad en la que creció, sino que la aprehende desde sus orígenes en los que aún no era la Puebla de los Ángeles que hemos recorrido sino la Cuetlaxcoapan que forjaron nuestros antepasados.

Moisés Ramos se pasea entre sus recuerdos y la historia tangible de la ciudad, la hace suya; recorrer las líneas es transitar sus pasos y cada uno de los aspectos que caracterizan a esta tierra Angélica. El recorrido es real pues a través de la lectura puedo concretar las historias que el abuelo cuenta, contrastar la Puebla del autor con la Puebla que aprendí a recorrer en las historias de antigüedad familiar. Sin embargo, entre Moisés Ramos y yo hay una abismal diferencia; él hace suya esta ciudad a través de la vida que en ella ha transcurrido mientras yo intento apenas reconocerla.

El autor no sólo se centra en las edificaciones de ayer y el ahora sino en todo aquello que transcurre en la ciudad; el clima, la naturaleza, las sensaciones y las promesas. Leer los poemas de este primer apartado es recordar mi llegada a la ciudad en la que nací pero que poco conozco de ella, aunque ahora han pasado muchos años, sigue siendo la ciudad que me recibe cada mañana al abrir la ventana que con gusto presenta al Popocatépetl; él único que se muestra fijo ante la cambiante ciudad de los ángeles.

Teódulo’s Bar

La primera parte es totalmente una descripción de la ciudad, de los orígenes y del notable sentimiento de pertenencia a ese lugar; un espacio puede describirse aun cuando se es un recién llegado, pero la forma en que lo hace el autor delata el sentimiento de fidelidad a esta su ciudad. Como bien lo dice en las primeras líneas declarativas de amor a la metrópoli, decidió tomarla por los cabellos y hacerla suya, así pues, esta segunda parte parece volverse más personal porque ya no sólo se trata de describir la ciudad que vive en él y en la que ha vivido. Es más que eso, es recorrer cada uno de sus íntimos rincones en los que ha compartido, con ella y con otros, la experiencia de ser poblano; un poblano con la oportunidad de encontrarse en el Teodulo’s Bar, con aquellos con los que ha compartido historias y que por tanto los hace hermanos de ciudad, de oficio y de brindis.

Teodulo’s Bar es preciso y de forma simultánea. Es todos aquellos lugares que se encuentran dispersos, regados y dispuestos a recibir a aquel que tenga la curiosidad de adentrarse en sus curiosos espacios. Es cierto, esta parte parece ser un tanto más personal pero la ciudad nunca abandona, siempre está afuera para recordarnos que aún en las historias de alcohol no podremos olvidarla, porque esas anécdotas no pueden narrarse de otra forma porque sin esta tierra no podría ser lo mismo.

Sueña la ciudad un río

Esta parte es de total atención pues si bien sigue con el anecdotario comenzado con muchas líneas anteriores, en ésta las declaraciones ya no se encierran únicamente en el repasar de los caminos que llevan a los lugares más concurridos y a los más recónditos. La denuncia se vuelve más clara pues da voz a la ciudad que de a poco ha sido mutilada; que busca en cada uno de los espectadores un poco de ayuda. Denuncia su cada ves menor naturalidad, su historia encerrada entre renovaciones urbanísticas pero sobre todo, sus caídos; unos con total intencionalidad y otros entre los desastres que nos tomaron por sorpresa. “Sueña la ciudad un río” es una total remembranza; base para que la portada de este libro tome total sentido; no sólo plasma la angélica ciudad sino que, de forma simultánea, representa el proceso que ha vivido. Me abstengo de comentar la siguientes sección pues considero que sólo de esta forma algo se reserva el lector, las tres primeras secciones resultan representativas pues brindan las bases adecuadas para recorrer las historias y caminos que esta ciudad. Permitámonos conocer no sólo la Puebla que recorremos durante cada jornada, sino también la que añora Moisés Ramos.

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