El “imperativo” es romper la piñata. Una posada filosófica en la BUAP

foto de Zvezda Ninel Castillo Romero

Descartes, Husserl, Schopenhauer y Kant como nunca los habíamos visto: ¡como piñatas!

 

La fiesta y la filosofía son dos aspectos de la vida que llevan siglos haciéndose grata compañía cada vez que se topan. Ya sea que la fiesta se halle en el papel de objeto de inspección filosófica -como cuando Gadamer la atiende, junto con el juego, en tanto base antropológica de la experiencia artística, o como cuando Nietzsche la resalta como elemento dionisiaco que reconcilia al hombre con la naturaleza-, o que la filosofía ocupe a la fiesta como escenario de despliegue, como en el Banquete de Platón -donde una farra de dos días en casa de Agaton da ocasión para discutir el Amor- o como en cada fiesta universitaria que ha querido copiarle, es un hecho que su combinación es, no sólo disfrutable, sino hasta didácticamente necesaria.

Es común ver -como parte de las actividades académicas oficiales- fiestas en todas las facultades de filosofía del mundo; lo que no es común es que los personajes estelares de esas fiestas sean, como ocurrió hace unos días en la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAPcuatro filósofos mayores en pequeños y adorables cuerpos de cartón con un cierto aire de Southpark [¿soy yo o Kant -el de azul a la derecha- podría ser un Butters de madurez?].

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La “pre-posada filosófica” del Colegio de Filosofía de esta facultad fue anunciada desde hace un par de semanas con un cartel en el que aparece Santa Marx [olvide preguntar si fue a propósito, pero me pareció un excelente detalle para balancear las cosas entre la atención al valor cultural de las posadas y la condición laica de la universidad] y se prometía música en vivo, comida, una cosa extraña que se llamaba el “concurso de la salchicha filosófica” (¿?) y, claro, piñatas…pero no esas piñatas.

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Desde su elaboración (que según su organizadora ocupó una semana y la ayuda de cuanto alumno tuviese un momento libre para colaborar) hasta su momento de gloria colgando sobre el patio del colegio para ser apaleados por maestros y alumnos para sacarles hasta el último dulce, Kant, Descartes, Husserl y Schopenhauer estuvieron rodeados de detalles curiosos: como el que Kant hubiera sido particularmente golpeado y que al llegar al piso muchos se ensañaran con su cabeza como resultado de un cuestionario de fin de curso particularmente difícil o el que un profesor de lógica avivara los embistes a Descartes diciendo “duro en el cogito”.

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Mucho más sana [no necesariamente para bien] y original que las fiestas de mis tiempos, esta posada forma parte de una serie de eventos que a lo largo del año sirven para conectar a las nuevas generaciones con los alumnos de otros grados y con los profesores (sobre todo con los más populares, quienes fueron llamados a pegarle a la piñata con especial ahincó), y ya se han consolidado como tradición.


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Como ex alumna eché de menos alguna que otra copita de vino que antes solían salir desde el inicio de las fiestas y no sólo hasta el cierre, pero más allá de eso debo decir que me enterneció el evento y me hizo lamentar el no haber tenido algo semejante en otras épocas y haberme perdido las posadas anteriores, en las que me dicen que también Heidegger, Santo Tomas y San Agustín se encarnaron como piñatas.

Me quedo con la esperanza de que entre las próximas piñatas lleguen a estar algunos de mis consentidos como Spinoza y Russell [algunos amigos sugirieron que también sería interesante ver por allá a Socrates y Alcibiades -que quede a su imaginación y atrevimiento el cómo representarlos-], y los dejo a ustedes con algunos vídeos del director de la Facultad, Ángel Xolocotzi Yáñez, y de la alumna que organizó esta cálida y muy peculiar convivencia.

 

 

 

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