Jerusalén y el cielo (Segunda parte)

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Salimos del barrio musulmán para dirigirnos al lugar donde, según la tradición, se encuentra el sepulcro de Jesucristo. Me quité el khimar y empezamos a caminar por la Vía Dolorosa. Las campanas de la Iglesia empezaron a replicar casi al mismo tiempo en que, desde la Mezquita, se llamaba a la oración.

La piedra en el piso del templo, que pertenece al santo sepulcro, estaba atestada de manos y frentes clamorosas. Esperé mi turno junto con mi hija y me hinqué para contarle en dónde estábamos.

— Es una piedra. —Repitió ella.

— Sí, pero una piedra especial.

— Especial como la que vimos en el lado musulmán, donde Muhammad subió al cielo.

—También es especial, sí.

—Ellos tienen una piedra especial, acá también hay una. Ellos tienen al Ángel Gabriel, nosotros también creemos en él. Es el mismo ángel.

— El mismo.

Con el ceño fruncido, ella siguió mirando el templo. A sus seis años hay cosas que le cuesta entender, pero todavía no me dice cuáles. Yo la dejo pensar.

Después de rezar y poner nuestras palmas en el Santo Sepulcro, salimos de la iglesia para caminar con rumbo al Getsemani. Queremos cortar el camino; si cruzamos por el barrio musulmán nos ahorramos 30 minutos. Un policía nos detiene.

— Hoy no pueden pasar turistas.

— Recién estuvimos aquí, solo queremos cortar el paso.

Y de nuevo la pregunta:

— ¿Religión?

— Católica.

— ¿Pasaporte?

—Aquí lo tiene.

— Rubín es apellido judío.

— No soy judía, sólo quiero cortar camino.

—No pueden pasar.

Habré repetido una veintena de veces que mi apellido no es judío, ¿de dónde sacaron eso? no soy judía, pero por un minuto, confieso que me hicieron dudar de mis orígenes.

Seguimos el camino por la ruta larga. Era shabat. No había muchos judíos por aquella zona, o quizás no los vi. Turistas sí había, muchos.

Llegamos al Getsemaní en el Monte de los Olivos. La Basílica de las Naciones alberga una porción de roca en donde se cree, Jesús rezó antes de ser arrestado. “Otra piedra”, me dice mi hija en voz baja, “voz de iglesia”, dice ella.

Desde lo alto de Monte se puede ver la vieja ciudad de Jerusalén: la ciudad amurallada decorada por la cúpula azul de su prominente Mezquita, las torres del barrio católico, y el Muro de los Lamentos.  En Jerusalén hay muchos muros. Muchos y de muchos tipos.

Ya se hacía tarde, debíamos volver al hotel y para llegar a él debíamos cruzar el barrio ortodoxo judío.

(continuará)

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