Lo sólido se desvanece…

Foto: Cuba Debate

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Fantasmas

Resultado de sus largas sesiones clínicas, Freud escribió acerca de los recuerdos pantalla, esos que se ponen en acto para encubrir lo que no soportamos recordar o deseamos reprimir. Toda idea paranoica descansa en este principio, y funciona en referencia a una amenaza externa o externada que cifra su exitosa asimilación en la integración en el aparato psíquico de esta idea, haciéndola pasar por natural, ahistórica. En el sistema social esta operación despliega, por una parte una “psicopolítica” (Byung Chul-Han), y por otra un “semiocapitalismo” (Franco Berardi): símbolos, espacios y tiempos articulan discursos legitimadores basados en la popularidad más que en la argumentación, interesada en el trending topic más que en las evidencias.

El mismo Freud, en sus años de madurez, fue ahondando en que el problema no era el extranjero/alter, sino la identidad de nosotros mismos/ego y la búsqueda indisoluble por definirla; la constante tensión entre su realidad presente y sus posibilidades de realización a plenitud. “Si el determinismo europeo surge de un agobio producido por la historia” escribe Terry Eagleton, “el voluntarismo de Estados Unidos emana del ahogo que produce la falta de historia.”

La esquizofrenia que vive la sociedad norteamericana puede ser diagnosticada como un efecto colateral de las sobredosis de posverdad e historia maniquea que oculta los traumas fundacionales de ese país: la erradicación de los pueblos nativos, la esclavitud, el segregacionismo, el intervencionismo y extractivismo en sus “áreas de influencia”, el terror, las drogas. Tantos fantasmas que creímos imposibles de seguir reprimiendo, pero entonces llegó Trump.

Juntos, trabajamos para proteger el patrimonio cultural de la humanidad de los ataques terroristas y prevenir el extremismo violento por medio de la educación y los medios informativos”, escribió Irina Bokova en su declaración del pasado 12 de octubre respecto a la decisión de Estados Unidos de retirarse de la UNESCO. Y continúa, enfatizando el trabajo conjunto realizado para garantizar la libertad de expresión y la defensa de la seguridad de los periodistas, apoyar a las sociedades en situación de emergencia ambiental y conflictos armados, promover la emancipación de las niñas y las mujeres como agentes de cambio, alentar la cooperación científica y la innovación tecnológica sostenible, y gestionar la alfabetización y la educación de calidad que forme a los niños contra el racismo y la xenofobia.

“Juntos, trabajamos con el fallecido Samuel Pisar, Embajador Honorífico y Enviado Especial para la Enseñanza del Holocausto, para difundir la historia de la Shoah y prevenir nuevos genocidios, con la Cátedra UNESCO para la educación sobre el genocidio en la Universidad del Sur de California y la educación dedicada a la alfabetización de la Universidad de Pensilvania.” Pero claro, los posicionamientos de la UNESCO sobre los conflictos en Medio Oriente, que apuntan a la denuncia del genocidio que los líderes del Estado de Israel han estado implementando contra el pueblo palestino, desagradan profundamente al Tea Party, ese núcleo ultraconservador y de extrema derecha del Partido Republicano, y a numerosos empresarios vinculados con el negocio de la industria bélica que sostienen las finanzas de Washington y a los medios de comunicación. El poder desplegado aquí es productivo, descriptivo: no sólo centraliza decisiones, sino que aspira a organizar la cotidianidad misma condicionando la pertenencia y la sanción.

Una de las discusiones centrales en la posguerra, durante la década de los cuarenta, fue cómo asegurar la operatividad del multilateralismo que en la Liga de las Naciones había fracasado tan estrepitosamente. La respuesta se ha venido construyendo con mecanismos de contrapeso (dentro de los marcos permitidos por la compleja geopolítica de Rusia, China, Estados Unidos y la OTAN). Entre ellos, la UNESCO ha sido una pieza fundamental en la cultura de la paz, para la salvaguarda de las reservas de la biósfera y las ciudades creativas. En fin, de todo lo que constituye el patrimonio compartido que nos hermana por encima de las diferencias, en especial en los momentos convulsos en los que el devenir de la humanidad no es esperanzador, en tiempos donde los escenarios nacionales y regionales efervecen alentados por el odio y el desgarramiento del tejido social.

¿Qué puede ser aquello que nos hermane en un escenario globalizado tan fragmentario, líquido y postsecular?, ¿somos capaces de imaginar algo consistente en un mundo donde “todo lo sólido se desvanece en el aire”, aquella fórmula que Marshall Berman recuperó de Marx? Empecemos por lo que en su especificidad deja entrever la esencia de la universalidad, lo que en su diversidad reviste la relevancia de su conservación, lo que en su heteroglosia estimula el dialogo. No olvidemos que Freud hizo del paradigma del autoconocimiento el descubrimiento de pequeños accidentes idiosincráticos, rupturas gramaticales y contradicciones fantasmagóricas, más que de las esencias.

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