Trabas de HSBC a Marichuy: una expresión de la discriminación en México

“No nos quisieron abrir una cuenta en un banco. Nos bloquearon, el banco HSBC. Tuvimos que buscar otro. Desde ahí se ve cómo está amañando este poder”, denunció el día de hoy María de Jesús Patricio, Marichuy, la representante Indígena que busca ser Candidata Independiente a la presidencia de la República en el 2018

“No nos quisieron abrir una cuenta en un banco. Nos bloquearon, el banco HSBC. Tuvimos que buscar otro. Desde ahí se ve cómo está amañando este poder”, denunció el día de hoy María de Jesús Patricio, Marichuy, la representante Indígena que busca ser Candidata Independiente a la presidencia de la República en el 2018

 

¿Quién en este país, que no cargue con una cartera pasada de peso, no ha sufrido alguna vez los maltratos de un banco? Los  trabajadores pagados vía nomina están acostumbrados a “errorcitos” que les marcan en ceros sus quincenas, los dueños de tarjetas con límites modestos suelen tener que ir a aclarar gastos que nunca hicieron, y son comunes los acosos telefónicos de 7 de la mañana a 8 de la noche de lunes a domingo para recordarle a la gente la enormidad del poder jurídico y operativo del banco y la pequeñez de los individuos frente a él.

Los procesos injustificadamente tortuosos, las largas esperas en la línea, las respuestas ambiguas, las negativas frías y las equivocaciones -siempre a favor del banco- son cosas de todos los días que pocos en México viven de manera tan cruelmente marcada como dos sectores vulnerables que, a menudo, tienden a ser uno mismo: el de los pobres y el de los indígenas.

El sistema de clientes preferenciales que jerarquiza a los usuarios de los bancos mexicanos es implacable con los que entran con aspiraciones humildes de ahorro, crédito o de mero cumplimiento con las exigencia contemporánea de tener una cuenta para poder cobrar el fruto de tus jornadas laborales o participar en procesos ciudadanos más complejos.

Los jóvenes rostros que encabezan la recepción suelen tener un olfato especialmente sensible para las billeteras magras, y cuando ese olfato se acompaña de la visión de unos huaraches, de bordados o de una falda colorida, es más que probable que en automático arranquen un discreto operativo de condescendencia mal intencionada que “invita” al, obviamente desubicado, visitante a retirarse.

Desubicar al que no tiene evidente solvencia es parte del proceso normal de los bancos, por algo no abren sucursales en “pueblos de nadie” acostumbrados de por sí a la marginación cotidiana. A los bancos -y a la mayoría de las instituciones mexicanas- les gustan los clientes mestizos, de facha extranjera o que, cuando menos, no tengan la evidente estampa de una identidad marcada por la facticidad como la de abajo y comprendida por ellos como la problemática.

Nada de raro -y esto es precisamente lo grave- hay en que a María de Jesús Patricio, Marichuy, la médico tradicional nahua que fue elegida por el Concejo Indígena de Gobierno (con el respaldo del EZNL) para ser su representante en la carrera presidencial del 2018 mediante la figura de la candidatura independiente, el banco HSBC le haya negado la apertura de una cuenta para una asociación civil (uno de los requisitos básicos para poder contender en el proceso electoral) bajo un pretexto mal armado e informado con la más grosera informalidad: un Whatsapp a una de las acompañantes legales de Marichuy que decía “El nombre de la señora ma de jesus apareció en una lista de personas ligadas a un grupo antorchista, o algo así me comentaron”.

Dejando por un momento de lado la muy valida suspicacia política de que esta negativa del banco a dar buen fin a un tramite relativamente normal y que fue iniciado en tiempo y forma fue en realidad un intento de bloqueo a una de las candidatas más sonadas para el proceso próximo (¿quién le va a creer a la representante del banco cuando justifica la negativa apelando a la “política, know your client, para conocer mejor a los clientes” del banco?, ¿acaso quieren que creamos que en HSBC nunca han escuchado el popular nombre de Marichuy, o que son ellos –el banco que admitió ante el Senado Estadounidense haber lavado dinero en nuestro país– son tan meticulosos y observantes de la ley que aunque sepan quién es tienen que investigar a fondo?); el aspecto más terrible de este asunto es la otra mitad de la negativa, la parte compartida por miles de personas en el país que no son candidatas a ningún cargo popular (probablemente no son siquiera candidatas a ningún cargo laboral dignamente pagado): la intensa y cotidiana discriminación que sufren las poblaciones indígenas.

Vaya una amarga ironía hablar de este tema precisamente en un 12 de octubre. Que una candidata presidencial no pueda abrir una cuenta de banco puede parecer extraordinario en países con sistemas democráticos más sanos -o más bien existentes-, pero en México, cuando la biografía de la candidata incluye el hecho de ser indígena ese hecho se explica fácilmente: en México todos los días son como el 12 de octubre, un encuentro áspero entre representantes de culturas arrogantes y abusivas que se creen superiores y pueblos en desventaja con demasiado que perder.    

Comentarios