Gali, ¿cuántas vidas más arriesgarás? Justicia para Claudia Carolina

Claudia Carolina Romero Acatécatl desapareció el 16 de septiembre -un día después de que se encontrará el cadáver de Mara Castilla- y las autoridades apenas comenzaron a buscarla

Claudia Carolina Romero Acatécatl desapareció el 16 de septiembre -un día después de que se encontró el cadáver de Mara Castilla- y su familia ha tenido que obligar a las autoridades a buscarla con seriedad

 

Mientras el estado gobernado por Tony Gali continué negando la realidad al no emitir la alerta de género, lemas como “Puebla Sigue” y “Puebla En Paz” -y todo otro edulcorado eslogan que se formule para fingir normalidad- son palabras tan muertas como las 87 mujeres que han sido asesinadas este año con los signos inconfundibles de la violencia inflamada por el conflicto sistémico y acrecentada por la impunidad.

Mientras sigan en su cargo funcionarios como Víctor Carrancá, quien conduce una Fiscalía que responde “se fue con el novio” como si fuera una razón de inacción cada vez que una nueva desaparición se reporta, las condolencias del gobernador ante los asesinatos de universitarias como Mara CastillaMariana fuentes Soto son frases tan vacías como las manos reclamantes de justicia de los padres de una de las muchas mujeres que peligran ahora mismo en Puebla sin que la autoridad actué seriamente al respecto: Claudia Carolina Romero Acatécatl.

Claudia Carolina es una jovencita de 15 años que desapareció la tarde del 16 de septiembre -un día después de que el hallazgo del cadáver de Mara escandalizará al país- a la mitad de un trayecto de 50 minutos. Salio de su casa a las 15:00 hrs para cobrar el salario que se le debía por ocho días en los que trabajó como niñera en “Villas de Atlixco”, un fraccionamiento de altos recursos de la zona de Angelopolis. Los guardias del lugar reportan haberla visto entrar, pero no salir. Su mamá le marcó a las cuatro en punto pero ya no recibió respuesta.

Al otro día, 17 de septiembre, Eustaquia Lucía Acatécatl Xotlanihua, la mamá de esta menor proveniente de la Sierra Norte, fue a la Fiscalía a reportar la desaparición de su hija, el mismo día en que más de un centenar de personas hacía un mitín frente a esas instalaciones para exigir justicia por Mara, el mismo día en que varias niñitas se tiraron al suelo para que pintaran sus siluetas con gis en conmemoración de las, hasta entonces, 288 mujeres que han sido asesinadas en Puebla en los últimos cuatro años.

Tres días después de esa triste escena de luto y protesta, que la rodeó mientras las autoridades le tomaban declaración y le decían “así son las de su edad”, recibió un mensaje de su hija donde le avisaba que su ex novio la tenía retenida contra su voluntad. El teléfono fue apagado justo después de que el mensaje llegara a destino, y no volvería a prenderse sino hasta el viernes 29 de septiembre cuando, con voz temblorosa, Carolina le marcó a su mamá para decirle que su ex pareja aún la tenía retenida, que estaba en San Martín Texmelucan y que estaba bien -aunque el timbre sus palabras denotaran lo contrario.

Todo esto fue informado a la autoridad pero no hubo trabajo al respecto. Se les dio a conocer cada detalle del caso, cada seña y sospecha, cada nuevo dato recopilado por los angustiados padres que han sufrido la ausencia de su hija durante 16 días en los que la tierra ha temblado y se han acumulado cuatro asesinatos más de mujeres mientras los poblanos se volcaban a la ayuda de los damnificados teniendo que dejar en momentánea suspensión la exigencia nacional de que se ponga un alto al azote de los feminicidios.

No hay excusa alguna para la negligencia institucional y la irresponsabilidad del gobierno estatal. Tuvieron dos semanas de pistas solidas para dar con el paradero de esta jovencita y devolverla a su hogar pero no se decidieron actuar con firmeza hasta que la protesta que los padres realizaron el sábado 30 les mostró que no se ha diluido del todo la condena social a su indolente proceder frente a las horrendas y constantes ejecuciones de poblanas.   

¿Por qué juegan con el tiempo y dejan crecer las apuestas sobre la vida de las mujeres que son reportadas como desaparecidas? La razón es simple e indignante: porque a este estado, forjado por Moreno Valle y ahora tutelado por Tony Gali, le es más fácil permitir que sigan creciendo los vicios de un sistema de procuración de justicia nacido en una cultura machista y que idolatra la impunidad, que aceptar la dura pero justa vara de la realidad y ponerse a trabajar de verdad para cambiar las cosas a fondo.

La verdad de las cosas es que recae sobre el gobernador la macabra cuenta de las vidas extinguidas por la inseguridad que él permite campar libremente por Puebla. Por mucho que aún hayan personas que quieran reducir el tema a problemas de particulares que deben resolverse en la micro esfera de los valores familiares, el sol no se tapa con un dedo. Estamos frente a una crisis social de monstruosas dimensiones que tiene que abordarse desde todos los flancos y poniendo un firme acento sobre aquellos que tienen el poder público para combatirla.

No podemos seguir aceptando las condolencias huecas de un estado irresponsable que no asume la carga de su razón de ser, que es la obligación de garantizar el orden y la seguridad pública.

Decir “está con el novio” no exime de responsabilidad a quienes tienen la autoridad y el poder necesarios para devolver a una menor de 15 años con sus padres. No debemos permitir que respondiéndole “así son las de su edad” a quienes llegan con lagrimas en los ojos a informar que una vida está en cuestión.

El hecho de que Carolina fuera, a su corta edad, una trabajadora mal pagada y que eso posible -mas no necesariamente probable- que por ello se fugara, no le da ninguna razón al Estado para lavarse las manos del caso; al contrario, mayor motivo de vergüenza debe ser para este gobierno inepto y cruel que permite que la normalidad de las niñas de la Sierra sea el cortar su educación en el nivel secundario -si es que siquiera tuvieron la suerte de alguna vez haber pisado la escuela- y obligarlas a trabajar como niñeras o mucamas en casas ricas que las quieren como esclavas, eso cuando sus opciones no son el parir bebes en suelos de hospitales que no las atienden o vender chicles en los cruceros mientras cuidan a vulnerables hermanitos, o prostituirse a las espaldas de una sociedad mocha que condena el comercio regulado del cuerpo pero permite la explotación.

El Estado debe responder por esta cadena de horrores cuyos eslabones ha fortificado frente al fuego de la corrupción, la permisión y la colusión con el crimen. No queremos que Gali nos de el insignificante y ofensivo consuelo de su pésame, queremos que se ponga a trabajar como es su deber y que la vida de esta y toda otra persona en Puebla se cuidada con la responsabilidad que merecen de la autoridad a la que le pagamos para poner un mínimo de estructura.

¡JUSTICIA PARA CLAUDIA CAROLINA!

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