ULTRADERECHA MEXICANA Y PODER INVISIBLE

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Durante la visita de Jorge Mario Bergoglio a México hubo una petición a los obispos de la Iglesia Católica en el país: transparencia.

Uno de los más importantes mensajes a la alta burocracia católica en los últimos tiempos, solicitaba una participación abierta, honesta, solidaria y clara respecto de las ideas e interpretaciones sociopolíticas. El mensaje no ha sido captado. ¿Por qué cambiaría la estructura jerárquica católica en la república si el propio Estado Vaticano se encuentra en manos de los grupos políticos más conservadores, pragmáticos y retardatarios? Esta es la razón histórica de que los cambios esperados en la catolicidad apostólica y romana se esfumen.

El investigador español Santiago Mata, ha presentado un trabajo que indaga sobre la presencia y organización de la sociedad reservada que nació en México, bajo la perspectiva de una lucha contra el comunismo a nivel global, y que ahora ha sentado sus reales en España.

Hace algunos años se conoció de la importancia que, en la ultraderecha mexicana, jugaba esta organización; no obstante, ha resultado innovador el saber de sus estrategias en diferentes países de América Latina y Europa. Ahora que se ha dado a conocer un texto en España donde se presenta una forma de estructuración internacional, hay que preguntarse si el Yunque piensa salir de México, se ha incorporado a la defensa del conservadurismo español o, bien, está retroalimentado su fascismo para impulsar nuevos grupos y organizaciones.

Carlos Montemayor observa en la clandestinidad de la ultraderecha mexicana uno de los riesgos más graves para la seguridad nacional. No se equivoca. Norberto Bobbio, a su vez, también considera que el Poder Invisible es una de las más graves amenazas contra la democracia.

Desde el nacimiento de México como país, estas sociedades reservadas se han infiltrado en la estructura social, económica, política y cultural para hacer realidad un orden teocrático al servicio del Estado Vaticano. Ahí está la historia de las guerras civiles, intervenciones extranjeras y golpes de estado. Avilacamachismo, Salinato y Foxismo fueron los momentos más elevados de esta relación que, sin embargo, no ha disminuido la insistencia de los religiosos católicos por incidir en todas las esferas sociales con la ayuda de grupos políticos en la mayor parte de los partidos. Su principal labor ha sido unir la derecha religiosa y la derecha secular en el espectro ideológico del país.  Y lo han logrado. Esta “Alianza Cívico Patriótica” tiene, al menos, nueve aspirantes a la presidencia de la república participando en el PRIANRD.

La información y estudio sobre la ultraderecha mexicana cada vez tiene mayores aportaciones. Sin embargo, es necesario escudriñar lo que tiene valor verdadero. Abundan quienes, en este tema, pretenden confundir, engañar, negar y revisar malintencionadamente. Por eso es significativo que Manuel Díaz Cid y Alejandro Guillén Reyes aporten su trabajo y ofrezcan, a todos, la información válida para un mejor conocimiento de los hechos. Arturo Luna Silva señala, con justa verdad, que la propia ultraderecha –en sus fundaciones, partidos políticos, asociaciones, escuelas, etc.- desestima y no atiende el trabajo que estos personajes han desarrollado sobre la cuestión. Más allá de una clandestinidad necesaria para proteger un movimiento, es el poder invisible quien decide lo que la sociedad puede y debe conocer. Desde el ataque a Pearl Harbor se vive en México un “modus vivendi” que ha sido un verdadero lastre para el desarrollo del Estado y la sociedad en el país.

 

La explicación del proyecto geopolítico denominado Intermarium, constituye uno de  los datos importantes para comprender la evolución de la ultraderecha. Es un proyecto de civilización polaca que impulsaba una identidad eslava y pretendía contener a Rusia y a Alemania. Lo que ocurriría después con el Intermariun es su incorporación al proyecto geopolítico de la Iglesia Católica frente a la conspiración judeo-masónica representada por el comunismo y como estrategia de supervivencia frente a la pérdida de los territorios pontificios. Los católicos integrales intransigentes veían en la URSS la revelación de las profecías de la Virgen de Fátima acerca del fin del mundo. No obstante, la jerarquía de la Iglesia Católica y muchos hombres que ejercen el ministerio en el cristianismo, aún carecen de evidencia para demostrar estas cuestiones. La afirmación que hace el texto “Autonomía Universitaria” sobre su apego al proyecto y las acciones realizadas a lo largo de cuarenta años, señala el impacto social que tuvo en Puebla y México.

El proyecto Intermarium culminó en el papado de Karol Wojtila. En la incomprensión de SS Juan Pablo II hacia la Teología de la Liberación latinoamericana también hay elementos para evaluar las inconsistencias de la ultraderecha mexicana. Por las relaciones históricas entre Polonia y Rusia, el Intermarium implicó el vínculo del catolicismo con el Nacionalsocialismo y, posteriormente, su persistencia activa en contra del comunismo en la Guerra Fría y en etapas posteriores. En América Latina, además de estos excesos, el Intermarium se asoció con la hispanidad equívoca del nacionalismo criollo. Las ideas raciales de Vladimir Ledochowski pugnaron por un entendimiento con los fascistas sin importar la validez de las causas sociales. Francisco Franco y México optan por el entreguismo a Norteamérica implementando una guerra sucia, sin precedentes, en contra de los movimientos estudiantiles, campesinos, obreros e indígenas. La multiculturalidad de Iberoamérica hace imposible un proyecto como el Intermarium. Las Españas, a decir de Américo Castro, son árabes, judías, cristianas e indígenas. La patria del criollo, naturalmente, es un sueño irrealizable.

Manuel Díaz Cid ha comprendido los aciertos, excesos y errores de la ultraderecha mexicana. Desde su punto de vista ha pedido evolucionar y cambiar. Ahora que ya no hay URSS, ¿Qué justifica la violencia y extremismo religioso de todas esas organizaciones reservadas que han seguido operando, a veces contrapuestas y otras unidas?

Mientras la prioridad de Juan Pablo II fue la caída de la cortina de hierro y la generación de condiciones que permitieran a los católicos ejercer su fe en libertad, la de Francisco parece ser la reconfiguración de la Iglesia bajo dogmas de fe que puedan convivir con la realidad de múltiples tendencias a su interior, que van desde la intransigencia hasta los cocteles religiosos que mezclan ritos, discursos y elementos místicos de creencias diferentes, pasando por el fervor de la catolicidad popular alimentada por las tradiciones culturales de cada país.

El cambio, desafortunadamente, es demasiado lento. Elio Masferrer Kan ha señalado que Bergoglio es antes Geopolítico que Progresista y la decisión de recompensar a los conservadores radicales del clero mexicano muestra una señal para manifestar que, si colaboran con el Papa, las cosas pueden marchar como en la época de Karol Wojtyla. Esta situación no es agradable para los presbíteros seguidores de la teología social  (libertaria o indiana) y nacionalistas simples, que desencantados miran la incomprensión de la Santa Sede y la necesidad urgente de un rito católico mexicano; aunque, a su vez, han recibido apoyos desde Roma para mantener el equilibrio dinámico inestable  de las fuerzas religiosas.  Ni qué decir de los grupos protestantes, homosexuales, feministas y liberales radicales que, a nivel local y nacional, observan el posicionamiento del conservadurismo intolerante que doblega la legalidad laica.

Luis Paredes Moctezuma (2009) (ex alcalde de Puebla, ex militante del Yunque y panista)  denunció ante la PGR a la organización secreta El Yunque exhibiéndola como un grupo fundamentalista y terrorista que atentaba contra la seguridad del Estado y la sociedad mexicana. Lo propio han revelado las investigaciones periodísticas de Álvaro Delgado (2003), Edgar González Ruiz (2002) y de Rodolfo Montes (2011). Su información permite observar la penetración del catolicismo intransigente en todas las estructuras de nuestro país, sin embargo, el caso de Luis Paredes causó hilaridad a las autoridades responsables, quizá por su incompetencia y, lo más grave aún, por su complicidad. Es más creíble en México una conspiración reptiliana y zombie que la existencia de El Yunque. Se puede capturar y abatir a los delincuentes más peligrosos del país, pero jamás se han sancionado las acciones de los dirigentes católicos intransigentes. Paredes Moctezuma evidencia el liderazgo continental del Yunque en América Latina, la Internacional Demócrata Cristiana, las principales instituciones educativas del sector privado, el sector empresarial, etc., sin embargo, como cuando se habla del Opus Dei, Legionarios de Cristo, Solsticio, etc., no pasa nada.

El poder fáctico del catolicismo integral e intransigente es invisible, y mientras en el mundo se combate a los grupos religiosos fundamentalistas del Islam, el budismo y otras creencias, a nadie parece importarle el desarrollo del catolicismo social intransigente que en sentido estricto es equivalente a Al Qaeda, Isis, los Ayatolas, etc.

El Estado laico mexicano es una ficción, en realidad es un Estado confesional, católico, ahora impulsado en su conservadurismo por protestantismos como el evangélico y particularmente el neopentecostal. Las convicciones religiosas empoderadas hacen uso de todos los recursos posibles para luchar contra la modernidad y la libertad, así lo demuestran las partidas presupuestales y los favores políticos a grupos religiosos del país, que van más allá de la clásica corrupción mexicana y que pueden inscribirse en el renglón de las conductas autoritarias más radicales.

 

 

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