Cantares de la Ciudad de los Ángeles el lado maldito de ¡Qué chula es Puebla!

Cantor irredento de la urbe angélica, en este libro Moisés Ramos Rodríguez la toma de los cabellos para mirar en su rostro el espejo negro de la poesía. Un espejo al que se asoma para atisbar un itinerario que hurga en sus raíces y culmina en un ademán profético. En el centro de un paisaje dominado por la historia y el perfil acerado del Popocatépetl, Ramos nos entrega en Cantares de la Ciudad de los Ángeles una exploración amorosa de la metrópoli (“urbe timorata”) construida y habitada por personajes humanos y divinos: Tlaltecuhtli, Gutierre de Cetina, los borrachos de la calle. Personaje ella misma, al hacer su sátira y encomio el poeta convierte el comentario de aldea en comentario del mundo: “No cesa la lumbre si el nombre de la urbe cambia: / no se requiere ser Proteo / para sobrevivir a su tracto diario: / basta con acentuar lo deleznable del nombre / que se creyó propio…”

Lo anterior se lee en la cuarta de forros de Cantares de la Ciudad de los Ángeles del poeta Moisés Ramos Rodríguez, quien lo presentará el miércoles 22 de marzo, a las 18 horas, en el Aula Virtual del Complejo Cultural Universitario de la BUAP.

La presentación del tercer poemario de Ramos Rodríguez será parte de las actividades de la Feria Nacional del Libro (Fenali) de la universidad; le acompañarán los poetas Roberto Martínez Garcilazo y Enrique de Jesús Pimentel.

En la misma contraportada del libro editado en enero de este año, se lee también:

“Dueño de una voz que ha ido acendrando sus tonalidades, el amor de estos cantares nos sorprende con la precisión con la que narra esta —a la vez— crónica de ángeles y álbum familiar. Un recuento donde la memoria poética traza puentes entre los anales colectivos y el testimonio personalísimo”.

Los libros anteriores del poeta Moisés Ramos Rodríguez son Olvido es nuestro nombre y Raíz de luz.

En una entrevista con Janet G. Jiménez publicada en el portal Mundo Nuestro, el poeta afirma:

“Mi libro Cantares de la Ciudad de los Ángeles es una continuación de los cantares hechos a la ciudad desde el siglo XIX y el XX, pero, recurriendo al símil de la fotografía analógica, es su negativo, su anverso. Así, yo afirmaría que mi libro es el lado no reconocido, el lado maldito, el lado putrefacto de la canción que se ha llegado a considerar el himno de Puebla, ciudad y Estado: “¡Qué chula es Puebla…!” de Rafael El Jibarito Hernández.

Los poemas de Cantares de la Ciudad de los Ángeles son, sin duda, la pesadilla de César Garibay, de Delfino C. Moreno, de Moreno Machuca, de Gregorio de Gante, de Amapola Fenochio y de Flora Otero; son el lado obscuro al que no se atrevieron a mirar; son su continuación y un homenaje, atroz, bárbaro y ríspido, pero homenaje al fin.

Me hubiera gustado que los poetas de la Bohemia Poblana leyeran mi libro. Quizá lo hubieran quemado con leña verde frente a la fuente de San Miguel, en el Zócalo, encabezados por Cordero y Torres”.

En la misma entrevista, el poeta asegura que la banda sonora para leer su libro es el rock (él mismo participó en algunos grupos de rock):

“No sólo porque se cite en un largo epígrafe una canción de Bruce Springsteen (“Días de gloria”) es necesario decir que el rock tuvo una gran influencia en Cantares de la Ciudad de los Ángeles: además de la urbe, obviamente el protagonista es el ser humano de la ciudad, quien se pregunta quién es, que hace en este planeta; y claro, viaja porque está buscando incesantemente su lugar.

Así como en Mexico City Blues la música que acompaña a los poemas (y con los que se debe acompañar su lectura) es el jazz, en el caso de mi libro siempre la banda sonora es el rock.

Además de Springsteen están visibles en el libro Led Zeppelin y The Beatles, pero la presencia del rock va más allá de esas obviedades. Muchas de las más potentes imágenes poéticas de la ciudad y sus habitantes están en las letras del rock mejor logrado, en inglés y en español; y en otros idiomas, claro.

A muchos, a la par de la poesía, el rock nos salvó del naufragio, la vesania y la locura de psiquiátrico y medicamentos. Una dotación básica (guitarras, bajo, batería, unos buenos poemas) hicieron tanto por mí y alguna gente de mi generación (y posteriores), como lo hizo, verbi gratia, Leopoldo María Panero”.

Moisés Ramos Rodríguez comenta respecto a la omnipresencia de los borrachos en su poemario:

“La verdadera religión de un hombre en una ciudad de Occidente (y Puebla lo es por herencia, no por esencia), es el alcoholismo; hoy cada vez se suman más mujeres o son más visibles, y los ciudadanos se unen a esas filas cada vez más jóvenes. De esos seres habla una de las secciones del libro, “Teódulo’s bar”, cuyo nombre se refiere a una cantina que estuvo en la Avenida 14 Oriente. Creo que somos una sociedad decididamente alcohólica, sin duda, y el alcohol es la única droga permitida, la única que sin prescripción puede tomarse, sin medida.

Otra sección está dedicada al río de San Francisco, en cuyos márgenes fue fundada la Ciudad de los Ángeles, el cual fue entubado hace más de cincuenta años, en los años sesenta.

Finalmente hay una sección llamada “Álbum familiar”, donde el personaje urbano hace referencia a cuestiones más familiares.

El libro cierra como ha sido abierto: con poemas dedicados enteramente a la Ciudad, así con mayúsculas, especialmente a la Ciudad de los Ángeles”.

 

(Moisés Ramos Rodríguez, Cantares de la Ciudad de los Ángeles, poesía. Concytep, 128 pp., Puebla, México, 2017. Presentación: miércoles 22 de marzo de 2017, Aula Virtual del Complejo Cultural Universitario, BUAP, 18:00 horas.)

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