Conversaciones privadas

Mónica Uribe

Mucho revuelo causó en medios nacionales la noticia acerca del “concepto” que el Papa Francisco tiene de México. Tanto revuelo causó, que la Secretaría de Relaciones Exteriores emitió un comunicado, expresando su tristeza y preocupación sobre la estigmatización de México que hizo el Papa, sin tomar en cuenta los esfuerzos gubernamentales para combatir el narcotráfico. El secretario Meade anunció que se envió una nota diplomática a la Secretaría de Estado Vaticano y se llamaría a cuentas al Nuncio Apostólico, Mons. Christophe Pierre.

El incidente sería de risa loca, si no fuese por la tremenda verdad que entraña.

En síntesis: el Papa le envió al activista social bonaerense Gustavo Vera  – presidente de la Fundación La Alameda, dedicada a temas relacionados con la trata de personas, y precandidato al gobierno de la ciudad de Buenos Aires –  un correo electrónico respondiendo a una carta que le envió Vera, en el que el Papa hizo una referencia a la situación de México: “Veo tu trabajo incansable a todo vapor. Pido mucho para que Dios te proteja a vos y a los alamedenses. Y ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror …”. En el contexto general de la carta, Francisco expresaba su preocupación por el creciente narcotráfico en Argentina, lo cual resulta una inquietud natural expresada por el Pontífice a su amigo en una comunicación personal y privada, que Vera juzgó oportuno dar a conocer a los medios de comunicación argentinos, sin percatarse que ello podría ofender a un tercero, léase el gobierno mexicano.

El punto es que el Papa se refería a una situación conocida internacionalmente, y que no desea que se replique en su país, lo cual no tiene nada de singular ni de extraño, pero sí expresa una opinión sobre lo que sucede en México.

¿Pero cómo es que el Papa se ha formado una opinión acerca de lo que ocurre en México? El año pasado, en mayo, hubo una visita ad límina  –  visita obligatoria cada determinado tiempo de los obispos a Roma para rendir un informe de sus respectivas diócesis –  a la que acudieron todos los miembros del Episcopado mexicano y expusieron no sólo la situación eclesial, sino la sociopolítica y económica del país al Papa. La prensa dio cuenta del énfasis que los obispos pusieron en la penetración del narcotráfico y la debilidad de las estructuras gubernamentales; también informaron sobre lo que se vive en las comunidades, especialmente en las zonas de Guerrero y Michoacán, donde el crimen organizado ha sentado sus reales y donde algunos sacerdotes se han radicalizado de tal manera que ya se habla de la presencia de sacerdotes “guerrilleros”. El columnista Raymundo Rivapalacio reveló que en la diócesis de Tlapa, una de las más pobres del país, dos sacerdotes participan activamente en los movimientos sociales y son cercanos a la guerrilla. Ello no extraña debido a que justo en los lugares de mayor marginación económica y social, algunos miembros del clero se identifican con las causas populares y se unen a la lucha, de alguna forma u otra.

En este caso, lo interesante es que el Papa habla de una nueva categoría de análisis sociopolítico: la mexicanización. Desde las ciencias sociales, se van construyendo conceptos que surgen de la observación de la realidad y describen fenómenos peculiares que, por sus características, puede ser aplicado en distintos contextos, como paradigma explicativo. De ahí que el concepto mexicanización alude a una situación específica, en este caso, la emergencia de un crimen organizado que permea las instituciones políticas, económicas, sociales e incluso culturales. ¿Quién podría negar la realidad del fenómeno cuando se tiene perfectamente documentada la operación del crimen organizado y sus repercusiones en México?

La mexicanización en el contexto actual es algo semejante a lo que significaba colombianización en las tres últimas décadas del siglo XX. Dicho de otro modo, México es percibido internacionalmente como la Colombia del siglo XXI y el modelo a evitar en América Latina.

La visión que el Papa Francisco tiene sobre México procede no sólo de un conocimiento profundo sobre geopolítica  – ¿cómo explicar su participación en el proceso de restablecimiento de relaciones Estados Unidos-Cuba sin ello? –  y se nutre también de la información que el Episcopado, la nunciatura y los diversos organismos eclesiales le hacen llegar a través de la Secretaría de Estado. La información es bastante certera porque proviene de las distintas visiones y opiniones de los diversos grupos que atiende la estructura eclesial; por ello, la Iglesia tiene el pulso del humor social, además de que, como cualquier Estado, cuenta con unidades de seguimiento internacional.

Por el texto enviado a Gustavo Vera, es evidente que el Papa Bergoglio considera que la situación en México es caótica …. y no quiere que Argentina siga los mismos pasos. Está en todo su derecho de decir lo que le plazca, y más en una comunicación privada. En la intención del Papa no se advierte ningún deseo de estigmatizar a nadie, simplemente buscó ejemplificar a través de un concepto, que venía como anillo al dedo, lo que no quiere que ocurra en su país.

También es obvio que no es lo mismo que el Papa se refiera a la mexicanización a que lo haga cualquier investigador en el ámbito académico, porque sus palabras tienen peso moral y, en este momento, es un líder global que goza de alta estima en los circuitos gubernamentales y diplomáticos.

Pero ni siquiera ello supondría un motivo para la reacción de la Cancillería mexicana. Al contrario, tendrían que haber minimizado el asunto, por tratarse de una comunicación personal y privada. Obviamente, el Papa no pensó que su amigo fuese a ventilar el correo electrónico. En todo caso, Bergoglio tendría que reconvenir a Gustavo Vera y el vocero de la Santa Sede, que ya lo hizo, decir que no hay opinión sobre las comunicaciones personales del sucesor de Pedro.

Es más, la Cancillería tendría que haber adoptado una actitud elegante, como la de Alejandro González Iñárritu en la entrega de los Oscares …., y decir que se trataba de una comunicación privada del Pontífice, sobre la cual no era posible emitir juicio alguno.

Para México, es un indicador más de que la imagen internacional del país es negativa y que, efectivamente, los esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico no son perceptibles ni para propios ni extraños, además de que la situación económica, política y social del país deja mucho qué desear. Se acabó el espejismo del Mexican moment.

 

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